
Forty meters below the surface, a cable hums on the ocean floor. It appears on no map. It carries no data. And every deep-sea welder who has touched it wanted to go back down.
El primer descenso de Reynaldo fue a cuarenta metros. Agua negra, fría, y el sonido constante de su propia respiración dentro del casco. La empresa lo había contratado tres semanas antes para reparar estructuras submarinas en una plataforma petrolera, a ciento veinte kilómetros de la costa.
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