
A cathedral's shattered rosette window hides an optical secret three centuries old: someone cut the glass to project a human face onto the altar—but only for a few minutes each year.
Matías Herrera llevaba tres semanas desmontando los paneles de la rosa principal de la Catedral de la Asunción cuando el cristal empezó a hablarle. No con palabras, naturalmente, sino con la elocuencia muda de sus imperfecciones. El encargo había parecido rutinario: restaurar el rosetón del siglo XVII, dañado por las filtraciones de la última temporada de lluvias.
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