
When librarian Elías notices ink moving across the pages of an ancient atlas, he faces an impossible choice: ignore the maps that keep changing, or follow them to a continent that shouldn't exist.
Elías llevaba once años trabajando en la Biblioteca Municipal de Zamora. Conocía cada estante, cada libro dañado, cada página suelta. Por eso, cuando abrió el viejo atlas una mañana de noviembre y vio algo diferente, supo que no estaba loco.
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