
Two burglars pride themselves on impeccable manners. The smart home they're robbing has opinions about hospitality.
Ramón y Santiago llevaban tres años robando casas juntos, y en todo ese tiempo jamás habían roto una sola ventana. Era cuestión de principios. «Si vas a entrar en la casa de alguien, lo mínimo es no dejar desorden», decía Ramón mientras manipulaba la cerradura electrónica con un dispositivo del tamaño de un encendedor.
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