
Neftalí has delivered mail to every house in his Honduran village for eleven years. Every house except one — the one that doesn't exist until the sky breaks open.
Neftalí conocía cada casa de Copán Viejo. Cada puerta, cada buzón oxidado, cada perro que ladraba cuando su motocicleta pasaba por las calles de tierra. Once años como cartero le habían dado ese conocimiento.
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