
In Santiago, the sky is always blue. The cost is simple: nobody is allowed to grieve.
El cielo sobre Santiago era de un azul perfecto, lo cual significaba que la ciudad estaba cumpliendo su función. Cada ciudadano llevaba un pequeño dispositivo en la muñeca —el monitor emocional— que medía su estado de ánimo en tiempo real. Los datos alimentaban el Sistema Meteorológico Central.
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