
When a massive rock festival starts building its main stage a hundred meters from his barn, dairy farmer Facundo will do anything to keep his forty-two cows calm—even if it means going to war with electric guitars armed only with cotton balls and his grandmother's lullabies.
Facundo tenía cuarenta y dos vacas y conocía a cada una por su nombre. Aquella mañana de agosto de 1969, vio algo extraño desde la ventana de su cocina: tres camiones enormes subían por el camino de tierra hacia su propiedad. Para el mediodía, un hombre joven con pelo largo y gafas redondas tocó a su puerta.
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