
Humanity's last survivors cling to a floating continent of compressed garbage. Sixty years of official history say the land is gone forever. A sealed capsule full of seeds—dated twelve years ago, labeled with planting coordinates for fertile soil—says otherwise.
Yaritza llevaba seis horas excavando cuando su pico golpeó algo que no era plástico. Eso, en La Balsa, era casi un milagro. La Balsa —así la llamaban todos, aunque el nombre oficial era Plataforma Continental Unificada Número Siete— era exactamente lo que sugería su apodo: una isla flotante de basura comprimida, del tamaño aproximado de lo que alguna vez fue Cuba, según los mapas antiguos que nadie podía verificar.
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