
Facundo has never lost a battle against a stain. Thirty-two years of bleach, solvents, and surgical precision — a perfect record. Then Thiago walks in with a shirt.
Facundo Iriarte no creía en lo imposible. Creía en el percloroetileno, en el jabón de hiel de buey, en la paciencia mineral de quien ha dedicado treinta y dos años a devolver la blancura a las cosas. Su lavandería, un local estrecho en la calle Bulnes que olía permanentemente a vapor y a almidón, ostentaba un cartel escrito a mano con rotulador azul: «Si no lo sacamos nosotros, no lo saca nadie».
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