
Fifty lempiras disappear from a pulpería register every Saturday. The blind man behind the counter hears everything — and says nothing.
Heydi conocía cada rincón de la pulpería mejor que su propia habitación. Sabía exactamente dónde estaban las bolsas de arroz, dónde las cajas de jabón y qué estante guardaba las latas de frijoles. Su padre, Wilmer, también lo sabía, pero con las manos, no con los ojos.
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