
Pablo's tomato plant has a mind of its own — and apparently, it prefers his neighbor's balcony to his.
Pablo descubrió el problema un martes por la mañana, con el café todavía caliente entre las manos. La tomatera —su mejor ejemplar, una variedad «corazón de buey» que había cultivado desde semilla— ya no crecía hacia arriba. El tallo principal, grueso y peludo, se había doblado en un ángulo de casi noventa grados y avanzaba horizontalmente hacia el vacío.
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