
Renata has spent three years mapping one of Mexico's last healthy coral reefs. Ramón knows every current by name. Their friendship is easy—until a muffled explosion shakes the seafloor at dawn.
Renata llevaba tres años catalogando el arrecife de coral frente a la costa de Puerto Vigía, un pueblo tan pequeño que ni aparecía en la mayoría de los mapas. Conocía cada formación, cada grieta donde los peces loro dormían de noche envueltos en su capa de mucosa. Aquel arrecife era, según sus datos, uno de los más sanos del Pacífico mexicano.
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