
A perfect sphere rises from a puddle of spilled chemicals in a university lab. It won't pop. It won't stop growing. And the only two people brilliant enough to explain it haven't spoken in three weeks.
La burbuja apareció un martes por la tarde, en el laboratorio de química orgánica de la facultad. Agustín y Celeste no se hablaban desde hacía tres semanas. La razón era simple: los dos habían presentado hipótesis opuestas sobre un proyecto de investigación, y el profesor Márquez había elegido la de Celeste.
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