
A young architect returns to renovate the Soviet housing block where she grew up. The concrete remembers her better than she remembers it.
Tatiana tenía veintiséis años la primera vez que el hormigón le devolvió la caricia. Ocurrió un martes de noviembre, en el séptimo piso del Bloque 14 de Purvciems, mientras pasaba la mano por una pared que llevaba cuarenta años sin recibir una capa de pintura. El gris rugoso, aquel gris específico de los paneles prefabricados soviéticos —ni ceniza ni paloma, sino un gris institucional que parecía absorber la voluntad de vivir—, le cubrió los dedos con una tibieza inesperada.
Opening lines