
In a city where words are currency, a wealthy merchant trades away his adjectives for gold—only to discover that a world without description is no world at all.
Había una vez, en una ciudad construida sobre las ruinas de una biblioteca antigua, un mercado donde nadie pagaba con monedas. En el Mercado de las Palabras Perdidas, cada transacción se cerraba con vocabulario: sustantivos a cambio de pan, verbos por tela y adjetivos —los más valiosos— por joyas y especias traídas del otro lado del mar. Las reglas eran sencillas pero inquebrantables.
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