
A dinner for six sits untouched on a ghost yacht drifting in the Pacific. The salvage operator who boards it recognizes the names in the briefcase—and the blip racing toward him on the radar.
El Pacífico llevaba tres días en calma cuando Ignacio vio el yate. A esa distancia, el casco blanco parecía un trozo de hielo desprendido de algún glaciar imposible, flotando a la deriva entre la bruma del amanecer. Treinta años de salvamento marítimo le habían enseñado a desconfiar de las cosas hermosas que aparecen en el mar.
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