
In a city where emotions are currency, Valentín Herrera has spent a fortune buying back every scrap of joy he ever sold. There's one memory left on the market — and it costs more than gold.
El Mercado de Ámbar no tenía horario. Abría cuando la primera persona llegaba con algo que vender, y cerraba cuando la última se marchaba con los bolsillos llenos de oro y el pecho un poco más vacío. Valentín Herrera conocía bien ese vacío.
Opening lines