
The cure for a deadly superbug has been hiding in a Victorian con man's notebook for over a century. Nobody looked—because nobody believed him.
Fernanda siempre había despreciado los remedios populares. Como estudiante de enfermería en su último año en la UNAM, creía en la evidencia, en los ensayos clínicos, en el rigor de la ciencia. Así que cuando el profesor Óscar Mendoza le asignó un proyecto de investigación sobre las medicinas patentadas de la era victoriana, lo tomó como un ejercicio de catalogación la estupidez humana.
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