
The mammoth had been frozen for forty thousand years. Then Simón Herrera watched it stand up.
Simón Herrera llevaba tres meses excavando en el permafrost de Yakutia cuando la tierra empezó a oler distinto. No era el habitual tufo a turba y hierro del suelo al descongelarse, sino algo orgánico, casi dulce, como fruta pudriéndose bajo un sol que no debería estar ahí. «Es normal», le dijo Tatiana Kováleva, la geóloga rusa que dirigía la expedición, mientras examinaba una muestra de sedimento entre los dedos.
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