
Adalberto has a coffee, a plastic chair, and a ritual he's kept for three years. The airport staff all know his name. None of them have the heart to ask him to stop coming.
Cada miércoles, Adalberto llega al aeropuerto a las diez de la mañana. Siempre lleva la misma camisa blanca, limpia y bien planchada. Compra un café en la cafetería pequeña del primer piso y camina hasta la sala de llegadas.
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