
A world-renowned wine authenticator is hired to verify a near-million-euro bottle—only to discover it's one of his own forgeries from a past he thought he'd buried forever.
La bodega privada de Braulio Echevarría ocupaba todo el subsuelo de su casa en Mendoza. Julián había autenticado botellas para coleccionistas de medio mundo, pero nunca había visto una colección como aquella: más de tres mil botellas organizadas por región y añada, con una iluminación que parecía diseñada para un museo. «Gracias por venir», dijo Braulio mientras bajaban las escaleras de piedra.
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