
Eleven seasons of Formula One taught Rubén Ibarra to trust screens over his own hands. A seventy-year-old man on a car-free island and a broken donkey cart are about to unteach him.
Rubén Ibarra llegó a Lamu con las manos vacías y la cabeza saturada de telemetría. Once temporadas en la Fórmula Uno le habían enseñado a interpretar datos antes de tocar una sola pieza. Cada ajuste, cada calibración pasaba primero por pantallas, algoritmos y modelos predictivos que anticipaban el fallo antes de que ocurriera.
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