
When a bored barista replaces customers' names on their coffee cups with ominous prophecies, a quiet neighborhood café transforms into a hotbed of superstition and collective panic.
Álvaro llevaba seis meses trabajando en el Café Esperanza, y cada mañana era exactamente igual. Los mismos clientes, los mismos pedidos, las mismas prisas. Un cortado para el señor del traje gris.
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