
When Joaquín rubs an old tablet screen and releases a genie that grants not what you wish for but what its algorithms determine you truly need, he discovers that optimization and happiness are rarely the same thing.
Había una vez un hombre llamado Joaquín que vivía en un piso diminuto de la calle Corredera, en Córdoba, rodeado de cajas de cartón que nunca terminaba de desembalar. Llevaba tres años así, desde el divorcio, aplazando indefinidamente el acto de instalarse en su propia vida. Una tarde de agosto, mientras rebuscaba en un mercadillo de la plaza de las Tendillas, encontró una tableta electrónica antigua, de esas con bordes gruesos y pantalla rayada que ya nadie fabricaba.
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