
When the moon begins to crack apart, a tidal predictor realizes the only way to save her city isn't to climb higher—it's to sink into the very waters everyone fears.
Delfina llevaba diecisiete años leyendo la luna como quien lee el rostro de una madre enferma: con devoción y con miedo. Desde la torre de predicción, en el punto más alto de Valparaíso Suspendido, podía ver las tres lunas reflejadas en el agua —la real y las dos que el océano inventaba para confundir a los incautos—. Su trabajo consistía en distinguirlas.
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