
A century-old library has the worst floor plan any architect has ever seen—seven rooms to reach the reading hall, corridors that curve for no reason. Florencia was hired to gut the whole thing. Then she started counting her steps.
Florencia llevaba tres semanas trabajando en la Biblioteca Montes, y el plano seguía sin tener sentido. Lo extendió sobre la mesa de su estudio, sujeto en las esquinas por tazas de café y una abrochadora. La biblioteca había sido encargada en 1923 por un poeta llamado Aurelio Montes, un hombre cuya obra había caído en un olvido casi total.
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