
Matías Ordóñez hasn't had a lucky day in eleven years. Then a stranger drops off a ruined parasol with a ridiculous instruction manual stitched into the lining.
Matías Ordóñez llevaba once años reparando paraguas en un taller diminuto de la colonia Guerrero, y en todo ese tiempo no había tenido un solo día de buena suerte. Se cortaba los dedos con las varillas, los clientes desaparecían sin pagar, y cada jueves —sin excepción— algo caía del cielo sobre su cabeza: un zapato, una maceta, una vez hasta un mango podrido. Por eso, cuando la mujer dejó la sombrilla sobre el mostrador, Matías apenas levantó la vista.
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