
A paper airplane flies for seven hours straight across three Mexican states. The aerospace engineers who built it can track it on GPS — but they can't explain the impossible data it's sending back.
El avión de papel que construyeron un martes por la noche no debería haber volado más de quince segundos. Ese era el límite teórico según el modelo computacional que Braulio había diseñado durante seis meses de trabajo. Quince segundos, treinta metros, y después una caída suave hacia la izquierda.
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