
In a meritocracy ruled by the crispness of shadows, Martín Solares has never cast one. Now he stands before a court that doesn't believe he's human.
El sol caía a plomo sobre el Patio de las Sentencias, y cada columna, cada balaustrada, cada pliegue de cada toga arrojaba una sombra tan afilada que parecía recortada con tijeras. Martín Solares caminó hasta el centro del círculo de mármol blanco y, como siempre, el suelo a sus pies permaneció inmaculado. Ni un rastro de oscuridad.
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