
Every museum has rules. At the British Museum, the most important one was never written down — and Rodrigo just broke it.
El primer martes fue el peor. Rodrigo llevaba solo tres semanas como guardia nocturno en el Museo Británico. El trabajo era tranquilo: caminar por los pasillos, revisar las puertas y beber café malo hasta las seis de la mañana.
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