
In a feudal Japanese tea room, the most lethal weapon available is perfect manners.
Katsura preparó el carbón con la precisión que otorgan treinta años de práctica. Cada gesto poseía una lentitud deliberada que los guerreros solían confundir con debilidad y que solo los hombres cultivados reconocían como una forma de poder. Su invitado de esa tarde era Ishida Nobutaka, comandante al servicio del clan Mōri.
Opening lines