
When a drone hobbyist captures footage of a lively party on the roof of a skyscraper sealed shut for a decade, his investigation reveals a celebration that was ten years overdue — and a promise kept by someone who wasn't even there the first time.
Felipe volaba su dron todos los domingos por la tarde. Era su pasatiempo favorito: grabar la ciudad desde el aire y descubrir lugares que nadie veía desde la calle. Aquel domingo de octubre, el dron pasó sobre la Torre Monarca, un rascacielos de treinta pisos abandonado desde hacía diez años.
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