
Matías inspects elevators for a living despite his claustrophobia—a secret he guards fiercely. When a routine job traps him between floors with a stranger who won't stop talking about vertical hierarchy, his carefully constructed walls begin to crack.
Matías Revuelta llevaba once años inspeccionando ascensores y ni una sola persona en la empresa sabía que los espacios cerrados le provocaban un terror visceral, húmedo, que le nacía en el estómago y le subía hasta la garganta como bilis. No era valentía lo que lo mantenía en el oficio. Era orgullo.
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