
When a diplomat is transmuted into a weeping willow in the middle of a sacred grove, forensic botanist Inés Covarrubias must plug into the forest's ancient root network to interrogate the only witness—a cantankerous oak with its own political agenda.
El sauce llorón no debería haber estado ahí. Inés Covarrubias lo supo en cuanto vio la inclinación antinatural de las ramas, ese ángulo que no obedecía a la gravedad sino a una súplica. Los sauces lloran hacia abajo; este lloraba hacia los lados, como alguien que extiende los brazos pidiendo auxilio antes de que le sellen la boca.
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