
Santiago's paintings are so lifelike that people swear they can smell the flowers. So when his brush slips and leaves a growing void in the canvas, the real world starts falling in.
Santiago pintaba desde que tenía memoria. Sus paisajes eran tan perfectos que la gente del pueblo juraba que podía oler las flores del lienzo y sentir el viento entre los árboles pintados. Pero Santiago nunca estaba satisfecho.
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