
Every morning, seven-year-old Ángel wakes up with strange things in his bed—white sand, a blue flower, a cold stone. His grandmother knows why, but the bed's magic has one strict rule.
Ángel tenía siete años y vivía en un pueblo pequeño cerca de un lago en Honduras. Su abuela Marleny tenía una casa vieja con muchas cosas interesantes. Un día, la abuela le dio una cama de madera.
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