
A parkour artist filming rooftop runs across Hong Kong accidentally captures something he was never meant to see—and now the only safe path is the one that never touches the ground.
Emiliano llevaba tres meses en Hong Kong grabándose para su canal de parkour. Cada noche subía a las azoteas de Kowloon con su cámara de pecho, corría entre antenas y tubos de ventilación, y saltaba los huecos entre edificios mientras la ciudad brillaba abajo como un circuito eléctrico. El vértigo ya no le producía nada.
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