
Four escape pods, ninety-two souls, and someone with a drill who wants them all at the bottom of the ocean.
Xiomara Salazar llevaba catorce años inspeccionando plataformas petroleras en el Golfo, y ninguna le había provocado la desazón que sintió al pisar la cubierta de la Hércules-7. No era nada concreto. Los pasillos estaban limpios, las señalizaciones en su lugar, los extintores con sus sellos vigentes.
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