
A briar hedge grows inward for a hundred years, feeding on a sleeping princess's nightmares—until a laundress's son walks into a castle that has forgotten how to be a castle.
Había una vez un reino que no merecía su nombre. Era pequeño —apenas una villa amurallada con pretensiones de grandeza— y su princesa, Celeste, era una joven de ojos grises y pelo cobrizo que detestaba los banquetes tanto como las reverencias. La maldición cayó un martes de otoño.
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