
A Swiss clock tower hasn't missed a beat in three hundred years. Then it strikes thirteen — and inside the gears, a human bone older than anyone alive.
El reloj de la torre de Grindelheim no había fallado en trescientos años. Cada hora, sus campanas sonaban con una precisión que los habitantes del pueblo consideraban casi sagrada. Por eso, cuando una mañana de noviembre el reloj dio trece campanadas a mediodía, todo el pueblo quedó en silencio.
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