
A cockpit voice recorder is pulled from the shore of a Patagonian lake. On it, two pilots chat warmly with a passenger named Celeste Arriaga — who was cremated three years before takeoff.
Tomás Herrera llevaba diecisiete años investigando accidentes aéreos. Había escuchado gritos, rezos, silencios más densos que la muerte. Pero lo que contenía la grabadora del vuelo 417 de Austral Patagónica no encajaba en ninguna categoría conocida.
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