
A chef's hands can tell her everything about a fish — its freshness, its origin, its capacity to kill. So when Noa's fingers press into flesh that feels wrong, the question isn't what's on her cutting board. It's where the real poison went.
Noa manejaba el cuchillo con la precisión de alguien que había pasado quince años transformando ingredientes en arte. El Katsura Grand, la competición culinaria más prestigiosa de Kioto, atraía a chefs de treinta y dos países, pero la ronda final de este año había reducido el grupo a cuatro. Ella era la única europea.
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