
Three kids, one phone, and the perfect kickflip. They wanted internet fame. The background of their footage had other plans.
Maikel llevaba tres semanas practicando el *kickflip*. Tres semanas de rodillas golpeadas, camisetas rotas y un moretón en la cadera que todavía no desaparecía. Pero esa tarde de sábado, bajo el sol de Santo Domingo, estaba seguro: hoy era el día.
Opening lines