
When a gardener plants enchanted red roses that blast opera music at five every morning, his furious neighbors demand he cut them down—but he discovers the flowers just want something no one thought to give them.
Hace muchos años, en un pequeño pueblo cerca de Oaxaca, vivía un jardinero. Su nombre era Braulio. Tenía las manos grandes, la piel tostada por el sol y el pelo corto y negro.
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