
The sourdough starter has been in the family for a century. This week, it started writing prophecies in bread crust.
Adalberto Medina heredó tres cosas de su bisabuela: un apellido con demasiadas sílabas para caber en una tarjeta, una nariz prominente que él prefería llamar «aristocrática» y una masa madre centenaria que vivía en un tarro de cerámica junto al horno de su panadería en el Malecón de Santo Domingo. La masa madre —bautizada «La Vieja» por su abuelo en un arranque de originalidad— tenía exactamente cien años. Adalberto la alimentaba cada doce horas con harina y agua, le hablaba por las mañanas y, según él, ella respondía.
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