
Bluebeard's forbidden chamber holds no blood—only luminous portraits of the brilliant futures his wives surrendered the moment they said "I do." And on the fourth wall, a new sketch has begun to form.
Cuentan que en las colinas del norte, donde el brezo tiñe de violeta las laderas y el viento trae consigo la voz de quienes ya no hablan, existió una casa de piedra negra con más habitaciones que días tiene el año. Su dueño, un hombre llamado Álvaro, tenía la barba del color de la tinta derramada y unos ojos tan oscuros que parecían pozos excavados en la tierra misma. Era rico, cortés y enormemente generoso, y las gentes del valle lo consideraban un buen partido, aunque ninguna de sus tres esposas anteriores hubiera permanecido a su lado.
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