
The gears said November 14th. The obituary confirmed it. Now the automaton is ticking again — and it has a new owner.
El taller de Renato ocupaba el segundo piso de un edificio estrecho en Lucerna, encajado entre una librería y una tienda de chocolates que perfumaba toda la escalera. Llevaba veintidós años reparando relojes, cajas de música y mecanismos de precisión que la mayoría de sus colegas consideraban irrecuperables. Su reputación no era ruidosa, pero sí precisa: quienes necesitaban lo imposible terminaban llamando a su puerta.
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