
In Prohibition-era Chicago, a Mexican chemist is forced to produce bootleg whiskey for the mob—but when his neighbors start going blind, he devises a dangerous deception that could save his community or cost him his life.
Chicago, invierno de 1926. Santiago Herrera no había cruzado la frontera para esto. Cada mañana, bajaba al sótano del almacén en la calle Halsted, donde tres alambiques de cobre destilaban un líquido que solo un hombre muy generoso llamaría whiskey.
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