
A black suitcase, a police uniform folded too neatly, and enough cash to ruin a life. Keyla has twelve hours to return what she never asked for — to a man who already knows her name.
Keyla llegó a casa después de un vuelo largo desde Ciudad de Guatemala. El avión había aterrizado con retraso y el aeropuerto estaba lleno de gente. En la cinta de equipaje, tomó una maleta negra y caminó hacia la salida sin pensar demasiado.
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