
A mythology professor travels to Lapland's Santa Claus Village expecting kitsch. She finds something far older scratched into the walls of a church nobody wants her to visit.
Montserrat llevaba tres horas en Rovaniemi y ya detestaba a Papá Noel. No al personaje en sí, sino a la versión empaquetada para turistas que dominaba cada rincón del pueblo: los renos con cascabeles de plástico, las elfas adolescentes que cobraban diez euros por foto, el termómetro gigante que marcaba la temperatura del «taller mágico». Había viajado desde Madrid con una maleta llena de libros y la esperanza de encontrar, bajo toda esa capa de mercancía navideña, algún rastro del folklore original.
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